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10 febrero, 2009

PERFIL DEL CONSULTANTE "TAROT"

PERFIL DEL CONSULTANTE (PARTE II)
Esto no debe llevar a la transformación del arte de la cartomancia en una serie interrumpida de consultas encadenadas. La adivinación, cuando goza de este titulo con toda propiedad, necesita de un estado particular de relajación, de sensibilidad y de energía mental de escasa duración. No hay nada más absurdo y perjudicial que esas consultas que se suceden unas tras otras, de esos que se dicen magos y que han transformado por codicia o por necesidad un arte antiguo y serio en una actividad lucrativa y vana.
El consultante es por encima de todo un individuo que en la mayoría de los casos se halla insatisfecha y no es feliz.
No se acude al cartomántico cuando todo va viento en popa, salvo si no es por el sentido oriental de la inconstancia de todas las cosas, por el miedo a perder todo lo que poseemos. Por regla general son las preocupaciones, la soledad y la enfermedad lo que empuja a la consulta.
El que pide que se le echen las cartas para conocer su horóscopo o que le lean las líneas de la mano es que se encuentra atormentado por determinados problemas, sin duda alguna.
Tiene pues, el derecho a un recibimiento individualizado y no en presencia de espectadores, en un lugar apacible, y debe ser escuchado, tranquilizado, orientado hacia nuevas posibilidades. Antes que un viaje al pasado o al futuro, la consulta es un diálogo, una pausa, una liberación saludable que exige tiempo y disponibilidad.
Las formas de adivinación aceptadas por ciertos cartománticos, como la consulta a distancia, por teléfono o por televisión pueden ser también conflictivas.
Despojada de su característica esencial de telepatía espiritual, la sesión de cartomancia practicada, en ausencia del consultante no puede ser aceptable más que en casos de extrema necesidad, de problemas muy graves pero poco matizados.
De todas formas hay que tener muy claro que una practica tal, exige por parte del cartomántico una sensibilidad refinada, desarrollada en extremo, un enorme poder de visualización, una gran carga magnética.
Por su parte, el consultante debe ser capaz de “sintonizar” mentalmente con el mago o bien procurarle un objeto personal, como una foto, una prenda de vestir o al menos un informe detallado, de manera que pueda establecerse un puente entre ambos, una canalización de sus fuerzas mentales.
También es posible considerar, en casos muy concretos, la presencia de un tercero que mantengan estrechas relaciones con el postulante ausente y que pueda servir de intermediario entre este y el mago, concentrando y orientando su propia energía mental a favor del interesado.
El Libro Practico de la Cartomancia.
Laura Tuan.

09 febrero, 2009

PERFIL DEL CONSULTANTE "TAROT"

PERFIL DEL CONSULTANTE
Cada uno de nosotros puede, un día u otro, ser un consultante, por diversión, por curiosidad o por simple afán de novedad tras haber observado con despreocupación divertida los misteriosos cartoncitos de colores durante una emisor televisada o en una velada entre personas ociosas. Algunos se ven empujados por la ansiedad, el temor, la desgracia, otros acuden a ella por su trabajo estudios, amores o bien por problemas de salud. No se le pide al consultante mas que una compensación, un don simbólico, sin que sea algo apremiante. El consultante o postulante es aquel que pide una respuesta al oráculo. Si el ritual de la postulación se ha simplificado desde la época de los antiguos griegos y de los egipcios, en que prevalecían complejos rituales de ofrendas y ayunos, exige todavía hoy, como en Delfos y en Menfis, fe y sinceridad.
Solo se exige al consultante que crea en las cartas y que no las aborde con la finalidad de tomarlo a broma. Para sacar el mejor partido a la consulta, se le pedirá que formule sus peticiones con precisión, escogiendo preguntas simples, claras, sin equícovos.
Por ejemplo, no debería preguntar ¿Qué es preferible, que vaya a instalarme a Paris, o que me quede en Madrid? Sino simplemente ¿Será positivo que me vaya a vivir a Paros?
Por otra parte, debe abstenerse de insistir, de repetir varias veces la misma pregunta o de interrumpir al cartomántico durante la interpretación.
Con el fin de evitar torpezas, es preferible, al principio, que el consultante sea un conocido, por ejemplo, un familiar o un amigo del que conozcamos mas o menos sus líneas existenciales y sus problemas cotidianos. Ahora bien, un consultante afectivamente muy próximo, como el cónyuge o un hijo, puede crear problemas, haciendo obstáculo, por su implicación natural y por la carga emocional que comporta, a la rigurosa neutralidad del mago.
La situación se complica cuando el cartomántico y el consultante son más que una sola y misma persona. El gran peligro de la consulta por uno mismo reside en la falta de objetividad, en la indulgencia excesiva que dispensamos en la propia esfera personal.
Es extremadamente difícil anunciarse a si mismo, a si como a nuestras personas mas queridas, que una relación corre peligro, que la salud es mala, que los días venideros serán grises.
Cada cual sueña para si mismo y para sus allegados un remanso de paz y ni los malos tragos, ni el dolor, incluso si son necesarios, son bien recibidos. Para hablar de sí hace falta, paradójicamente, saber salir de uno mismo, anular la propia individualidad, los propios problemas, las propias necesidades.
El cartomántico profesional que tiene pensado convertir la adivinación en una fuente de ingresos, sin transformarse necesariamente en un ávido especulador, se vera tarde o temprano confrontado a un nuevo problema, el consultante se hace cliente, beneficiario que paga la prestación del mago. Pensamos que la demanda de una compensación, por mas insignificante que sea, confiere a la consulta una garantía de seriedad de la cual carecen en general los actos gratuitos. Aquello que, al ser gratuito, es vivido como un juego, adquiere a través del pago un valor diferente, casi sagrado, apoyado por el intercambio simbólico entre las dos fuerzas en juego: dinero/cartas/conocimientos.
Libro Práctico de la Cartomancia.
Laura Tuan.
Continuará…
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